Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, dejar de lado todo lo que no fuera la vida, para no descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido...

miércoles, 7 de julio de 2010

[22 de mayo]
Que la vida del hombre es solamente un sueño ya se le ha ocurrido a bastantes, y también a mí me acompaña por todas partes este sentimiento. Cuando contemplo la limitación a que se hallan reducidas las fuerzas activas e inquisitivas del hombre; cuando veo que toda actividad tiende a la satisfacción de necesidades, que a su vez no tienen más objeto que la de prolongar nuestra pobre existencia, y que toda tranquilidad sobre ciertos puntos de la investigación no es más que una resignación fundada en los sueños, como cuando se pintan los muros donde estamos encarcelados con figuras multicolores y perspectivas luminosas. Todo esto, Wilhelm, me lleva a enmudecer. Me reconcentro en mí mismo y ¡encuentro un mundo! de nuevo cimentado más en el presentimiento y sombría codicia que en la representación y fuerza viva. Y todo se diluye entonces ante mis sentidos, y sonrío y así continúo soñando por el mundo.
Sabios maestros y preceptores están de acuerdo en que los niños no saben lo que quieren; pero que también los mayores vamos por este mundo tambaleándonos, sin saber, como ellos sin verdadero objetivo, dejándonos guiar por golosinas, mimos y azotitos: esto a nadie le gusta creérselo y es algo que se palpa con las manos.
Te confieso con agrado, pues ya sé lo que vas a responderme, que los más felices son aquellos que como los niños viven al día, sacan de paseo a sus muñecas, las visten y desnudan y andan rondando con gran respeto el cajón donde mamá guarda los dulces y cuando por fin consiguen lo que quieren lo devoran a dos carrillos gritando: ''Más...'' -- Éstas son criaturas felices. También son dichosos quienes saben dar títulos pomposos a sus míseras ocupaciones o incluso a sus pasiones y las presentan al género humano como hazañas gigantescas, para su salvación y bienestar. -- ¡Feliz quien pueda ser así! Pero quien en su humildad reconoce adónde va todo a parar, quien ve cómo cada burgués acomodado sabe, incansable, hacer de su jardincito un paraíso, y cómo también el desgraciado, abrumado por el peso de su carga, prosigue su camino jadeante y todos están igualmente interesados en poder contemplar siquiera sea un minuto más la luz de este sol... sí, ése está tranquilo, forma su mundo a su manera y se siente también feliz porque es hombre. Y además, por limitado que esté, siempre conservará, sin embargo, en su corazón el dulce sentimiento de la libertad y podrá dejar esta prisión cuando le plazca.
Las desventuras del joven Werther (Johann Wolfgang Von Goethe)

1 comentario:

Mar. dijo...

Tengo ese libro en la estantería esperando su turno una noche cualquiera de verano... me ha entrado ganas de adelantarlo en la lista de espera *-*

beeesos!